¿Quién se robó mi Nip/Tuck?
De ser la serie más de avanzada/arriesgada/estilizada, Nip/Tuck se ha convertido en una fiesta de sexualidad bizarra, que parece sofisticada y profunda. Pero no. Hasta las conejitas de Hugh Hefner son menos estúpidas y más castas. Esta columna es de una fan desencantada, que ve como los excesos se comieron a una gran serie.
Por Isabel Plant

Cuando Nip/Tuck se estrenó en 2003, parecía que las plegarias de calidad-cable estaban siendo respondidas. Sean McNamara y Christian Troy, cirujanos plásticos viviendo la buena y caliente vida en Miami, eran un ícono de TV de calidad: su serie acerca de los casos más insólitos/asquerosos, no solo era una muestra de exquisita visualidad. Desde los créditos iniciales con su "make me beautiful..." a las imágenes (entonces raras) de bisturís haciendo incisiones limpias en la piel.
Sexy, perversa, y media hot, era una hora de reflexión irónica acera de las locuras del culto al cuerpo y las deformaciones de la vida de los que solo existen para ser bellos y millonarios.
Ahora, es sólo un asco.

Quizás fue que por ser la primera serie que mezclaba "inmoralidad" (léase todo tipo de antihéroes que hoy pululan en el cable) en un mundo donde todavía Friends era el rey.
Nip/Tuck era algo que no habíamos visto antes. Fueron ellos los que pusieron de moda los programas de cirugías. Por hacer posible programas como Dr. 90210, que hoy tienen convertido en su quirófano a la versión High Fashion en comparación con el de los docu-reality, les estaremos eternamente agradecidos.
El problema mayor que actualmente afecta a la serie, es el síndrome O.C: pocos personajes y la necesidad dramática de que les pase de todo. Así, llegó el minuto en que el reducto de deformaciones o inclinaciones sexuales que es esa consulta, se excedió y se hizo repetitiva.

Un ejemplo: En esta quinta temporada que recién se estrena, Julia (Joely Richardson), ya no está casada, ni está saliendo con el enano negro. Ahora es lesbiana (con nada menos que Portia De Rossi, la rubia de Arrested Development que en la vida real pololea con Ellen Degeneres, original casting).
Por supuesto que su hijo, Matt (que es hijo de Sean, pero biológicamente desciende de Christian, y que en temporadas anteriores tenía un affaire con Ava, un transexual), está casado y tiene un hija con Kimber, la ex cocainómana, empresaria porno, ex amante de su padre biológico. ¿Demasiado?
Es como si los guionistas de Nip/Tuck estuvieran escribiendo la serie con un libro de desviaciones sexuales, una lista de drogas conocidas y otra de relaciones sexuales prohibidas por la ley, decidiendo a cuál de sus personajes le toca cada una.

De hecho, en la lista de casos y episodios de las cinco temporadas de Nip/Tuck, nos encontramos con las siguientes situaciones (gracias Wikipedia por el conteo actualizado):
Matricidio, negligencia médica, asesinato, tráfico de órganos, pedofilia, incesto (de eso hay más esta temporada), violaciones, necrofilia, sexo en todas sus versiones e infinitas posibilidades, adulterio, bisexualidad, transexualidad, abuso de drogas (esta temporada: Metanfetamina), y más.
Supongo que ante el propio agotamiento de su línea argumental y ante la competencia que le ha salido en el camino, Nip/Tuck se trata de reinventar. Los doctores parten a Los Angeles, Hollywood, el reino de las cirugías plásticas y la falsedad.
Mientras Sean logra un pequeño papel en una serie de doctores (las partes más divertidas de los dos primeros capítulos, por reírse de los clichés del género), Christian lucha con esto de no estar él bajo luces más importantes que las del quirófano.

Las estrellas invitadas de esta temporada son un lujo, desde Jennifer Coolidge (Legalmente rubia), chistosísima como una actriz tonta, a la hermosa y siempre digna Lauren Hutton como una publicista y más adelante Rosie O'Donnell. Pero sólo de ver el segundo capítulo, la cosa comienza a guatear.
Esto no es juicio anticipado: si al comienzo, con este cambio de ciudad la línea argumental nueva parece tener un sano coqueteo con el humor agudo, después se tira de inmediato a la cama, con sus viejos vicios de siempre que siguen atrayendo a muchos.
Nip/Tuck sigue siendo de los programas más vistos del cable norteamericano, con más menos 3 millones de espectadores, y con gran éxito en países como Chile también.

No es puritanismo, ni moralismo, ni ningún tipo de censura: despojado de su originalidad y sorpresa, repitiéndose a sí mismos (¿Nos impresiona un trío sexual, aunque sea con dos dobles de Marilyn Monroe? BORING), Nip/Tuck es sólo sexo. Y no del bueno.
Así que lamentablemente, si nos sentáramos delante de los doctorcitos McNamara y Troy para que nos hicieran la pregunta que ya los identifica, "dime qué es lo que no te gusta de tí mismo", la respuesta sería: Estar perdiendo el tiempo contigo. Me cambio a "Pushing Daisies".
Quinta temporada de Nip/tuck: Jueves a las 22 horas por Fox.
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